La tristeza me embarga,
tal como el viento se lleva
las últimas hojas del otoño de mi vida
dejando desnudas mi alma y mi mente,
abandonados a su suerte
mis sentidos y mi corazón.
De nada sirve la razón
en el invierno que se avecina.
La lluvia caerá,
despacio sobre mi pasado
limpiando el escenario
de la gran obra del destino.
Nuevos actores vendrán
en el guión que aún no escribo.
la primavera llegará
para que estos versos
queden en el olvido.
Mayo/2005
Los viejos adoquines fueron testigo.
Las hojas del invierno que irrespetuosamente se avecinaba, recogieron con esmero las lágrimas que abandonaban mis ojos para dar testimonio de la sangrante herida que sus palabras habían dejado.
Los muros de las casonas de antaño,
cobijaron mi paso raudo hacia la salida de aquel laberinto
que me atrapaba y del que no sabía como salir.
Nada tenía sentido.
Todo importaba.
El corazón latía.
El alma gemía.
El frío arreciaba
La soledad me esperaba.