Te busco.
De manera impetuosa levanto rocas y me hundo en el viento. Recorro montañas y hurgo en ríos torrentosos.
Y no te encuentro.
Voy a tu encuentro y te me escapas.
Te escabulles como un nuño revoltoso en un día de primavera.
Te persigo y te esfumas con la tormenta de mis ojos.
Me canso.
Y de la nada apareces.
En aquella luna que me miraba escondida detrás de una nube. En una viña rebosante a la orilla de la carretera, en un amanecer a la orilla del rio.
En una sutil brisa que se cuela por mis oídos y llega a mi alma.
Y ahí estabas, ahí siempre estuviste, junto a mi, dentro de mi.
Dispuesto a no dejarme sola jamás.
Jamás.